Guía completa

¿En qué consiste la descarbonización y para qué no sirve?

La descarbonización con el sistema TerraClean es un tratamiento que limpia por dentro el motor, disolviendo los depósitos de carbonilla en la admisión, las válvulas y los inyectores sin desmontar una sola pieza. Lo hacemos con el motor en marcha a diferentes revoluciones, introduciendo un compuesto químico en estado gaseoso que va deshaciendo esa suciedad acumulada por el uso.

Ahora, seamos claros: esto no es una reparación mágica. Si el coche ha perdido rendimiento por una avería mecánica —un turbo con fugas, un sensor que da lecturas erróneas o un inyector defectuoso—, este proceso no lo va a arreglar. La mala fama que a veces tiene este servicio es por venderlo como solución a todo. Por eso, aquí siempre hacemos un diagnóstico primero para confirmar que los síntomas vienen de la carbonilla y no de otro problema.

¿Por qué se genera esa carbonilla en el motor?

Es un subproducto natural de la combustión, pero los motores actuales son más propensos a que se acumule. En los gasolina de inyección directa, el combustible no “baña” las válvulas de admisión, así que el hollín se pega con facilidad. En los diésel, la válvula EGR mete parte de los gases de escape de nuevo en la admisión para reducir emisiones, pero esos gases llevan partículas que acaban formando una costra en el colector y las válvulas.

El problema se agrava con el tipo de conducción habitual en Sevilla: trayectos cortos, atascos en la SE-30… El motor casi nunca alcanza su temperatura óptima de trabajo y no consigue “autolimpiarse” quemando esos residuos.

¿Qué mejoras voy a notar en el coche?

Una vez terminado el proceso, lo normal es notar un ralentí más suave y estable, y una respuesta más directa al acelerar. Si el motor tenía mucha suciedad acumulada, también es frecuente ver una ligera reducción del consumo.

No es una transformación radical, que nadie te engañe. Es una tarea de mantenimiento preventivo. Piensa en ello como si limpiaras un filtro muy sucio: el objetivo es devolver el rendimiento original, no potenciar el motor.

¿Cada cuánto tiempo se recomienda hacerla?

Como norma general, es una buena idea plantearlo cada 40.000-60.000 km, sobre todo en motores conocidos por generar carbonilla. Un síntoma claro para adelantarla es un ralentí inestable sin que el ordenador del coche registre ningún código de avería.

El uso es clave. Un coche que hace sobre todo autovía puede aguantar más tiempo. En cambio, uno que se usa casi exclusivamente para callejear por la ciudad necesitará este mantenimiento con más frecuencia.