Guía completa

¿Cuál es el problema más habitual en las llantas?

El roce con el bordillo al aparcar es el pan de cada día en Sevilla. Por suerte, es un daño superficial que tiene una solución sencilla y con un resultado impecable. Un proceso de lijado fino y una nueva capa de pintura en nuestra cabina devuelven la llanta a su estado original, como si nada hubiera pasado.

¿Todos los roces y golpes se arreglan igual?

No, cada tipo de daño requiere una técnica diferente. Lo que vemos en el taller se puede clasificar en tres niveles:

  • Roce superficial: El típico arañazo de aparcar. Es solo estético. Se soluciona lijando la zona y pintando. Es el arreglo más rápido y económico.
  • Llanta doblada: Esto pasa al coger un bache de los que aparecen con las lluvias o al darle un golpe más serio al bordillo. Usamos una máquina para enderezarla, siempre que la deformación no sea excesiva y comprometa la integridad de la llanta.
  • Fisura o rotura: Es el caso más grave. Una grieta, sobre todo cerca de donde asienta el neumático, puede causar una pérdida de aire lenta pero constante. Si la estructura lo permite, se sella con soldadura de argón. Si no, la seguridad es lo primero y hay que cambiarla.

¿Por qué hay que equilibrar la rueda después de arreglar la llanta?

Siempre que se endereza o se suelda una llanta, el equilibrado es obligatorio. Al reparar el metal, su reparto de peso cambia, aunque sea por unos pocos gramos. Si no se compensa con los plomos de equilibrado, notarás una vibración en el volante al conducir, por muy perfecta que haya quedado la reparación.

¿Y si mi llanta tiene un acabado brillante tipo espejo?

Esas son las llantas diamantadas y no se pueden pintar para disimular un roce. Su acabado pulido se logra en fábrica con un torno de control numérico (CNC) y una punta de diamante. Para que la reparación quede perfecta, necesitamos replicar ese mismo proceso. Es un trabajo de precisión que tiene un coste de entre 100 y 180 € por unidad.

¿Cuándo merece la pena reparar una llanta y cuándo no?

Nuestra recomendación es siempre honesta y se basa en la seguridad y el coste. Aquí tienes la diferencia:

  • Cuándo SÍ reparar: Un roce o arañazo, por muy mal que se vea, siempre compensa arreglarlo. Es mucho más económico que una llanta nueva. Lo mismo ocurre con una deformación ligera que se pueda corregir en máquina.
  • Cuándo NO reparar (y cambiar): Si la llanta tiene una deformación grave o una grieta que afecta a su estructura, no hay duda: hay que sustituirla. Con la seguridad no se juega.
  • Un caso especial: En coches de gama alta, donde una sola llanta puede costar 800 € o más, reparar daños importantes (siempre que no comprometan la seguridad) puede ser una alternativa muy rentable a comprar una nueva.